• judithfdz

LIBROS QUE ME HICIERON QUERER ESCRIBIR

Actualizado: abr 13


En el post de hoy quería hablaros de algo que me emociona compartir, que no son sino aquellas obras que me inspiraron a escribir La Guardiana del Tejo. Quien dice que “me inspiraron” quiere decir eso, que me dieron el ánimo, el deseo y el valor de querer plasmar mi propia novela original. Si bien, ninguna de las dos se asemeja en trama a la mía.


Antes de empezar voy a sorprenderos… pues ¡sorpresa! ninguno es Outlander. De hecho, ni siquiera he leído los libros de esa saga. Sé que habrá quien piense al leer la sinopsis: “Oh, con que viaje temporal, sin duda se inspiró en Outlander” pues nada más lejos de la realidad, queridos lectores. La cosa va por otros derroteros bien distintos.


Estos dos libros que os diré lograron darme las alas para ya no solo pensar: ¿no sería genial hacer un romance triángulo amoroso en una época tan rica? Sino para hacerlo realidad. Como descubriréis, el viaje temporal no es más que un recurso para lograr poner a la protagonista femenina en la época que yo quería. Mi intención nunca fue hacer un libro cuyo núcleo fuese que Briand anduviera saltando atrás y adelante en el tiempo, nada de eso (esto no es Taxi Driver del tiempo, o sea, si cruzas te quedas y punto, para bien o para mal).


Para esa temática ya hay otros libros mejores y más centrados en eso que el mío.


Vamos al tema:


Los puntos que fueron influenciados por estos libros fueron:


1. Ambientación.


Siempre supe que sería una novela de época, pues eso es lo que domino. Si bien, el terminar ambientándolo en el periodo romano fue un proceso largo de concretar.


2. Elección de pareja.


Esto sí que estuvo decidido desde el principio. Siempre iba a ser un triángulo, nunca una historia con una sola pareja que se ama y supera obstáculos, no.


Comencemos. La obra que más me marcó fue “El valle de los caballos” de Jean M. Auel. Esa novela me inspiró a querer ambientar la mayor parte de mi libro en una época tan lejana a la actual como la antigua Roma, porque, aunque yo ya era una gran seguidora de “El clan del oso cavernario” (primero de la saga “Los hijos de la Tierra”), fue el romance de Ayla y Jondalar el que me hizo volar la mente.


No se parece en nada a los romances típicos de Regency Era/Victoriana/Británicos, nada de nada.



*Confieso que posteriormente (de hecho, ya con La Guardiana a punto de publicarse), conocí a Mar, de “La Hija del ciervo rojo”, y contra todo pronóstico superó a Jondalar en mi escalera de personajes masculinos que amo, pero esa es otra historia.

**Sí, tengo predilección por los libros de esa época, de mis favoritas junto a la Victoriana.


¿Cómo no iba hacerme soñar un romance así? Jondalar es el tipo de personaje masculino que más disfruto: valiente, hábil, ansioso de independencia… (lo siento, Mr Darcy, eres un encanto, pero no te acercas a mi canon). Por eso al ser él como es, su amor con Ayla me fascinó.

*Ayla y Jondalar (en la portada de Las llanuras del Transito, edición Polonia)

**Jondalar (como sería si fuese de carne y hueso)


Porque su romance es un “idiots in love” que se dice en inglés, una pareja de esas que se aman y no lo saben, porque tienen la absurda idea de que el otro no siente lo mismo. Y qué disfrutables son esas historias. Lo que más me gustaba era que eran tan diferentes y tan similares a la vez, pero ¡tan necios!


Fugaz y rapidísimo resumen: Ayla es una mujer humana criada por neandertales, pueblo que Jondalar desprecia con toda su alma. Sin embargo, arrogante como es, al encontrarla sola en medio de la nada (sin tribu), cree que es una sacerdotisa que tiene prohibido amar. Ella le salva la vida, y como es el primer humano que conoce, se enamora sin remedio. Ambos creen que el otro no le ama por sus diferencias, pero al final todo sale bien y son felices. No spoilearé más.


Tal vez por ese gusto mío de lo opuesto es que mis novelas son como son (aunque de esto ya os daré más información en el futuro, lectores). En el caso concreto de La Guardiana la oposición es obvia: Briand es rica y Marcus pobre, mientras que Briand es delicada y Kastan en absoluto. Los tres son de “mundos” y ambientes muy distintos.


Ya veis el quid de la cuestión: quería contar una historia de amor en un escenario salvaje y apasionante, y la época de los romanos era la perfecta, pues:


Amo las culturas antiguas en general, y la de Roma en particular me fascina.
Mi tierra es muy rica en esa materia, tengo conocimiento de primera mano.
A pesar de que el inicio es 1900s, se aleja de la tan trillada literatura “Regency Era/Época Victoriana” (que tanto amo, pero de la que quería huir un poco).

Así que sí, sin duda “El valle de los caballos” me hizo soñar con mi propia historia.


***

La segunda obra que me inspiró y me hizo desear escribir mi propio libro se trata ni más ni menos que de “Bodas de Odio”, de Caridad Bravo Adams, una historia publicada en México hace tantos años. Lo he leído, y lo recomiendo muchísimo, aunque por desgracia cuesta encontrarlo porque está descatalogado. La mejor opción es intentar comprarlo en formato digital.


La obra se ambienta en la rusia imperial (época y ambientación que yo amo muchísimo, ya lo comprobareis muy pronto, queridos lectores), y es un triángulo amoroso en toda regla, de los de la vieja escuela, de esos que te marcan. (Asi que si eres de leer chick lit o romance ligerito, huye de este libro).


En un rapidísimo y fugaz resumen: Lisaveta es una joven rica cuya familia está en ruina y se escuda tras su apellido. Ella tiene un romance con un militar de clase baja, Fedor, pero su madre la fuerza a casarse con un príncipe rico, Alejandro. Este se casa enamorado, ignorando el romance anterior de ella, y poco a poco hace que Lisaveta se enamore de él. Son felices, pero entonces llega Fedor y se descubre el pastel. Oh, drama, drama. En ese punto ya el triángulo está en su punto álgido. No spoilearé más, pero suceden mil desgracias de aquí al final feliz.


Tanto éxito tuvo el libro que lo han adaptado hasta en tres ocasiones a la televisión en diversas series. La primera en los 80, Bodas de Odio, la segunda en los 2000s, Amor Real (versión gracias a la cual yo conocí la historia) y la última hace pocos años.

*Protagonistas de Amor Real. Manuel (Alejandro) Matilde (Lisaveta) y Adolfo (Fedor).


Y es gracias a ese romance que yo soñé con hacer un triángulo amoroso. Estaba tan HARTA de ver triángulos en los que la protagonista femenina trata como basura a los masculinos y juega con ambos (véase Cumbres borrascosas, o más juvenil, Crepúsculo) o en los que la historia es la típica de “chica de al lado” (joven acomplejada —que en realidad es guapísima, como no— que se enamora de tipo popular/o jefe/ o millonario, pero que tiene a su mejor amigo de toda la vida/ o compañero de trabajo/ o vecino, enamorado de ella y no le hace ni caso) que Bodas de Odio se me hizo un soplo de aire fresco, y sobre todo, me demostró que los personajes masculinos NO tienen que ser degradados para que uno triunfe sobre el otro.


Ambos pueden ser excelentes opciones, como en el caso de Alejandro y Fedor. Ese hecho me inspiró para crear un romance con dos personajes masculinos que fueran buenas opciones de verdad para la protagonista. De ahí que me resultase difícil como escritora decidirme entre Marcus y Kastan, porque ambos son excelentes partidos, cada uno a su manera.


***


Sin embargo, la intención de este post no es mostrar las diferencias entre mi libro con esos dos, porque para eso tendría que hacer un destripe de mi trama y no deseo arruinároslo. Lo que quería era que entendieseis de dónde bebí para soñar e imaginar, y cómo fue que la semillita de la creatividad germinó en mi cabeza.


Espero haberos ilustrado un poco sobre mis influencias y qué me llevó a desear crear a Briand y mis niños. Pronto más y mejor.